Reductos

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Hace poco estaba buscando en internet un vuelo de Volaris, para poder ir a un buen precio a la ciudad de Nueva York, ya que tengo que volar a aquella gran ciudad la semana entrante y necesito buenos precios, pues un vuelo a Nueva York de México puede salir igual de caro que un vuelo a Europa, algo que antes no sucedía.

Al encontrar mi vuelo ideal, me quedé navegando en internet por unos minutos, checando todos mis deberes, como correos y demás, y leyendo los blogs a los que estoy suscrito, blogs que generalmente cuentan con un excelente contenido.

Al estar en uno de aquellos blogs, estaba viendo una serie de retratos de grandes batallas en la historia y me di cuenta que una gran mayoría de ellos tienen algo en común en las imágenes retratadas. Se trata de los reductos.

Un reducto es una fortificación, que aunque bien puede ser aplicada a una fortaleza, también puede ser usada en capo abierto cuando el motivo principal es mantenerse, durante el mayor tiempo posible en la defensa a modo de causar tremendas bajas en el ejército enemigo y minimizar nuestras propias bajas.

Esto se aplica, como la defensa en general, cuando el comandante de un ejército o cuerpo armado sabe que no cuenta con las habilidades, tácticas o recursos  necesarios para lanzar una ofensiva; generalmente, el problema es falta de capacidad para maniobrar colectivamente entre las distintas ramas armadas en el campo de batalla.

Por lo general, los ejércitos que son de naturaleza defensiva en el campo de batalla, son así por el carácter y la naturaleza de sus ciudadanos. Es decir, si sus ciudadanos son personas muy extrovertidas, entonces por lo general su ejército será uno que tome la ofensiva, mientras que si se trata de un pueblo introvertido y de mente fuerte, sus fuerzas armadas buscarán la defensa.

Los reductos en una fortaleza son zanjas que cubren el perímetro de la misma, en cuyo fondo se plantan estacas de madera afiladas, que actúan como espinas grandes a quienes ahí caigan, lo que hace muy difícil el asalto a dicha fortaleza y lo que obliga al enemigo a hacer uso de su cuerpo de ingenieros militares para construir puentes, proceso durante el cual serán castigados con proyectiles de flecha y cañón de los defensores.

Cuando estas se construían en campo abierto, como sucedió en la Batalla de Borodino (septiembre 7, 1812), entre los franceses de Napoleón y los rusos de Kutusov, donde se escarbaba una trinchera grande, cuya tierra extraída se utilizaba para construir defensas por encima de la misma, donde se instalaban cañones, mientras que en la trinchera misma se colocaba a cuerpos de infantería, quienes dispararían incesantemente contra las filas enemigas que se acercaban.

Algo que se hacía mucho era el cargar los cañones con metralla, es decir, un cartucho con muchas bolas de cañón, pequeñas o medianas, que funcionaban como fuego de artillería expansivo, parecido a lo que sería el fuego de una escopeta gigante, lo que podía matar a más de cien soldados de un solo tiro.

En conclusión, los reductos eran un excelente suplemento para la falta de táctica y movilidad ante un enemigo superior.

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