El juego de las sillas

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Todos hemos jugado el juego de las sillas. Cuando éramos niños, no faltaba que, antes de la piñata, el pastel y las bolsitas de dulces, los juegos infantiles comenzaran con la música y todos empezáramos a girar alrededor de éstas para que, cuando pausaran la canción, corriéramos a ganar lugar, no quedarnos fuera y ganar el premio del final.

Hace algunos meses, en una fiesta infantil, las sillas eran de plástico, de esas blancas que ya ubicamos. Para los niños no hubo problema alguno, pero cuando decidieron hacer el juego para adultos, la cosa se complicó mucho.

Todo era diversión y risas hasta que un señor se sentó muy fuerte en una silla por intentar ganar el asiento y ésta, al no aguantar su peso, se rompió; tirando al suelo al pobre hombre. Afortunadamente no pasó a mayores y el susto cambió a risas junto con un premio de consolación.

Días después, yo seguía pensando en el incidente de aquella tarde y como mi sobrina cumpliría años pronto no quería que una situación así pasara en su fiesta.

Fue cuando decidí alquilar sillas plegables, aparte de ser más cómodas y menos estorbosas como las blancas, al momento del juego ninguna se rompió ni ningún incidente surgió.

Pero eso sí, las sillas fueron utilizadas como arma trampa porque al momento de que la música se detenía, los participantes las cerraban para que no se sentaran los contrincantes y después las volvían a abrir para poder sentarse a gusto.

No hubo incidentes pero sí mucha inconformidad y carcajadas, total ¿quién no hace trampa en el juego de las sillas?

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